lunes, 18 de junio de 2018


Saúl Buk
“Un comienzo”
Capitulo 15
¡Vaya!, ¡Vaya!, repetía yo mientras me retiraba del tribunal. Yo iba y sabía adónde. De pronto me acostaron. Quedé nuevamente en posición horizontal. Esperaba a Venus y a Adán como quien espera nacer nuevamente. Mi espera era mi propio parto. Los vi venir y estaba tan emocionado que no hilvanaba un pensamiento. No encontraba las palabras justas con las que los iba a recibir.
Hola, deténganse que volvemos a la tierra fue todo lo que se me ocurrió decir.
Venus sonrió. Lo miró a Adán satisfecha. Lo besó en la frente y repitió:
Volvemos Adán.
¿  d nd m m ?
A la tierra Adán.
Adán no entendía que es lo que estaba ocurriendo. Desconocía el término tierra.
Ya te lo explicaremos, hijo. ¿Cómo seguimos, Ángel?
Tengo algunas dudas. Desconozco el camino de regreso. Voy a consultar con ángeles amigos.
Me dijeron que lo único que tenía que hacer es decir en voz alta, cuál era mi necesidad en ese momento. Lo hice y entonces descubrí que cuando alguien necesita ayuda en el cielo, resuenan parlantes que son oídos por todos y concurren los más indicados a colaborar.
Dos ángeles se acercaron.
Diríjanse a Cabildo y Juramento del cielo. ¿Les suena?
¿Cómo voy a reconocer el lugar?− le pregunté al más cercano.
− El viento te conducirá hasta el tornado que está ubicado en esa esquina.
Le transmití esa información a mi familia. ¡Qué orgullo sentí cuando pensé en “familia”! Soplaba el aire cada vez más fuerte, hasta que vimos un cilindro vertical rotando a toda velocidad. Nos acercamos. Tres ángeles se ocuparon de nosotros y lo hacían de a uno por persona. Cumplían, según luego me dijeron, con órdenes que habían recibido. Fue muy fácil nuestra introducción en el tornado. Por el tacto percibimos que en el interior de la misma habían colocado tres sillas. Íbamos a ser conducidos en un túnel del tiempo, pero a la inversa del habitual. Ellos mismos nos sujetaron con correas.
− ¿Están listos?− preguntaron.
No tuvimos reacción, ni respuesta. Estábamos sorprendidos. Comenzamos un lento descenso que luego se fue acelerando. Notamos que a medida que avanzábamos, nos íbamos cubriendo sin quererlo, con ropas adecuadas a una ciudad. No se veía a nadie. Tampoco conversábamos. Poco tiempo transcurrió hasta que desapareció el tornado. Nos encontramos parados sobre el asfalto, justo en el centro de Cabildo y Juramento. Rodeados de autos y colectivos. La gente pasaba a nuestro lado sin dirigirnos la mirada. No los sorprendíamos. Venus me abrazó sin soltar a Adán. Estrechó todo su cuerpo contra el mío, apretándolo con todas sus fuerzas. Tuve una extraña sensación que nunca había percibido.
− Ahora sos un hombre− me dijo, esbozando una pícara sonrisa y mirando el centro de mi figura.
Seguí su mirada y noté que había conseguido lo que tanto deseaba. Ahora nuestras noches de amor serían completas. Envolví con mis brazos a Venus y a Adán.
− Pisemos el umbral del café del primer piso, nuestro café, dijo Venus.
 Adán no salía de su asombro. Sus ojos se expresaban como los de Venus cuando algo la sorprendía. Caminamos entre la gente hasta llegar a la puerta del café. Por supuesto que la tía invisible nos estaba esperando. (¿Alguien le habrá pasado el dato de nuestro arribo?).
− ¿Qué tal, regresaron bien?
− Sí, gracias, le respondí.
− Lo hicieron todo muy rápido, me dijo.
− No sé cuánto tiempo transcurrió.
− ¿Con quién hablas, Ángel?− me preguntó Venus.
− No, con nadie, estaba pensando en voz alta.
Caminamos los tres hasta nuestro edificio. Le tocamos el timbre a doña Rosa para pedirle las llaves de nuestro departamento. Por suerte estaba en su casa. Apareció con sus infaltables ruleros y su delantal de cocina, esta vez manchado de harina, de aceite y vaya a saber uno de qué otras cosas. Un abstracto perfecto.
− Se fueron por muy poco tiempo− nos dijo.
− No tenemos idea− dijo Venus.
− Ya empezamos con las gracias. Si uno se va sabe perfectamente cuánto tiempo estuvo afuera. ¿Quién es el niño?
− Nuestro hijo Adán. Se acuerda doña Rosa que yo estaba embarazada.
− Sí, me acuerdo señora, pero no me tome por tonta. Este chico tiene la altura de una personita de seis años y ustedes se fueron hace cuatro días.
− Bueno, allí las cosas son así− le dije.
− ¿Allí, donde Ángel?
− En el cielo.
− ¿Me quiere convencer que fueron al cielo y volvieron?
− Así es− le dije.
−Dejemos los chistes para después, soy una mujer grande. Pasen.
− Gracias− dijo Venus.
− ¡Ah, Ángel!, un vecino me preguntó cuál era su apellido, porque sinceramente, los veía raros y si habría que hacer alguna denuncia policial, sería necesario.
− Ahora me llamo Ángel Homo Sapiens.
− ¿Dos apellidos? No sabía que era de alcurnia.
Ingresamos a nuestro departamento. Estaba como lo habíamos dejado, aunque se notaba que alguna mano lo mantuvo limpio y ordenado.
Lo sentamos a Adán frente al televisor para que mejore su español y la invité a la tía de Venus a que se retire. Más adelante seguiríamos conversando.
Mientras Venus se comunicaba con la redacción del diario, yo trataba de conseguir un instituto donde estudiar periodismo.
Teníamos muchos planes…
                                                     Saúl Buk   18-06-2018


jueves, 7 de junio de 2018


Saúl Buk
“Un comienzo”
Capítulo 14.
El tribunal celestial estaba ubicado en un lugar que era lo más parecido a un desierto de oxígeno. Su único espejismo era un ángel superior en posición vertical, que oficiaba de juez. Se distinguía por ser  el único sector del cielo en el cual los habitantes (fijos u ocasionales), estaban en esa posición. Todavía no sé por qué extraña fuerza yo también quedé con los pies apoyados en el aire. Me sentí inestable física y mentalmente. Estábamos uno frente al otro, cuando comencé a escuchar una suave música que me hacía recordar a “Pompas y circunstancias”.
¿S , q e l  tr   p r  c ? me dijo.
Señor Juezángel, le aclaro antes de comenzar, que le voy a hablar en el idioma de los terrestres, ya que no quiero olvidarme de sus hermosos vocablos.
Bien, le contestaré en ese idioma. Lo aprendí en una misión que tuve que realizar en un hospital de humanos. Sí, que lo trae por acá, es lo que le pregunté.
Gracias, su señoría. He conversado con Venus y  quiere regresar a sus terruños. le dije muy satisfecho.
¿Quién es Venus? me preguntó.
Mi esposa le dije orgulloso.
Los ángeles no tenemos esposa replicó sin mirarme.
Pero, tal vez usted no recuerde. En su oportunidad, yo aterricé con su consentimiento. Allí la conocí y tenemos un hijo al que llamamos Adán.
Recuerdo, usted es el ángel rebelde que quería procrear. ¿Cuál es el trámite que desea realizar ahora?
S ñ r juez, sé que hay un apartado especial en las eternas leyes del cielo, dedicado a los ángeles que desean ir a vivir a la tierra.
Es una excepción y como tal debemos tratarla.
Me preocupa su respuesta, S ñ r juez.
Estoy seguro que tiene la información de que al segundo descenso al planeta terráqueo, el ángel pasa a ser sexuado, como un humano común y no puede volver al cielo. Es casi una condena.
Lo sé y estoy dispuesto a correr ese riesgo porque la amo profundamente.
El magistrado ordenó un cuarto intermedio. Tenía que discutir el caso con los integrantes de la corte que estaban ausentes. A mí me citó para “después” ya que el tiempo no existe en el mundo angelical. Mientras, yo esperaba en ese ambiente tan despojado y diferente al que ya me había acostumbrado en el barrio de Belgrano. Me sentía presionado cuando pensaba en el cuestionamiento que me había hecho Venus. Su pregunta se repetía sin cesar  en mi mente: “¿Qué ocurriría si el tribunal fallaba en contra y yo me tendría que quedar en el cielo?”
Era como el picotear de un pájaro carpintero en el tronco del árbol.
De reojo veía pasar a Venus y a Adán. Ella lo sostenía con ambas manos y él permanecía afirmado al pecho de su madre que parecía tener miedo a que la despojaran de su crío.
Y el “después” llegó con una pregunta inesperada:
¿Consultó con su esposa si ella no desearía convertirse en un ángel?
No, no lo hice.
¿Por qué no lo intenta y seguimos?
Esa no era la respuesta que yo anhelaba, pero sabía que hay reglas que respetar. Me retiré y fui a esperar el paso de Venus con el niño. Ni bien los vi me acoplé a ellos. Los tres juntos me hacían fuerte.
¿Qué te dijo? Me preguntó Venus.
Me pidió que te consulte si no querés ser un ángel.
Lo aceptaría, pero aquí no hay periódicos y no quisiera abandonar mi profesión.
De acuerdo, se lo voy a transmitir al juez le contesté sin agregar argumentos.
Antes de regresar observé a mi hijo y vi como había crecido. Sin el tiempo como condicionante, él se desarrollaba a una velocidad diferente. Los dejé que siguieran con su rutina.
Grande fue mi sorpresa al regresar al tribunal. Me impactó ver al juez, dos ángeles y una figura más. Yo no lo podía creer. ¿Estaría alucinando? (Me vinieron a la mente las figuras de Francis Bacon). Era la tía de Venus, la invisible, esta vez sin el gorrito verde. La saludé con un gesto, pero no me contestó. Me extrañó que no respondiera a mi saludo. Luego recordé que existe una teoría que dice que lo que está abajo, también está arriba. Entonces entendí que ella sería una doble de la tía y no tenía por qué conocerme.
El juez me dijo que había conversado con los otros miembros del Tribunal Celestial y que acataría la decisión de ellos. El no votaba. Nuevamente pasaron a deliberar. Lo hicieron sin moverse del lugar, simplemente desaparecieron. Cuando los pude ver estaban los cuatro alineados, mirándome. Eso sí, todos de pié.
− La votación se hará con su presencia, Ángel− me dijo el juez.
− Que D  s me ayude− le dije, invocando al supremo.
El juezángel se dirigió a los tres integrantes del tribunal y les dio instrucciones precisas: si la respuesta era afirmativa, es decir que yo me pudiera ir, ellos debían bajar la cabeza. En caso contrario debían mantenerse con la testa erguida. Al primer miembro se le cayó el maxilar inferior arrastrando su calota en voto afirmativo. El segundo quedó petrificado (parecía un “moái”. Voto negativo absoluto. Yo estaba parado, pero en punta de pies y temblando. La “tía” me guiñó un ojo y agachó la cabeza. Tomé conciencia del fallo. Apoyé toda la planta de mis pies…en el aire. La rigidez de todo mi cuerpo no me permitía agradecer. Ellos se dieron cuenta de lo que me estaba ocurriendo.
− Vaya Ángel, vaya, que Venus tiene los ojos inundados de amor hacia usted y su hijo.
                     Saúl Buk   06-06-2018




domingo, 3 de junio de 2018


Saúl Buk
Capítulo 13.
“Un comienzo”
Desde el mismo momento en que comenzamos a ascender, desapareció de nuestras vidas la noción del tiempo. Por lo que no podría decir cuánto tardamos en llegar al supra mundo, donde todos eran ángeles. Nuestras mentes se comportaban como el blanco sobre blanco. Todo comenzó a transcurrir y nosotros quedamos incorporados en esta aventura. Antes de arribar fuimos despojados de nuestros asientos y en forma automática quedamos en posición horizontal, como peces pero en el aire. Suspendidos en el espacio, rodeados de nada, como los demás. Tampoco advertí en qué momento nos despojaron de nuestras ropas. Ocurrió y eso es todo. Ningún ángel tenía vestimenta. Miré con atención, pero el único abdomen que se abultaba cada vez más era el de Venus.
Ella volaba en silencio, hasta que su curiosidad periodística le hizo emitir sonidos que se transformaron en preguntas.
¿Y ahora? me preguntó con una voz débil y dulce.
N  s ,  sp r m s.
− Todavía no, Ángel, todavía no entiendo.
− Quise decir: “no sé esperemos”.
− Estamos circulando en redondo.
− Sí, aquí todos dan vueltas permanentemente.
− ¿Para llegar adonde, Ángel? ¿Será como una calesita que gira y no llega a ningún lado?
− Cada uno tiene asignada una f nc  n.
− ¿Una qué?
− Una función, Venus.
− ¿Quién las ordena o las otorga? Desconozco como está organizado.
− Los ángeles s p r  r s. Ellos nos van a reconocer y nos dirán cuál es nuestra misión.
− Pero yo no soy un ángel− me dijo Venus.
− El que llega a esta altura se va perfeccionando hasta serlo. Todos tenemos alguna tarea específica, como podría ser la de curar o proteger a los seres humanos. Cada uno de nosotros tiene asignado un terráqueo por lo menos y a la vez ellos nos invocan.
− Todo lo que me decís lo voy a retener en la memoria, ya que aquí no puedo escribir. Será otra noticia bomba para publicar. Me parece que para cuando regresemos voy a tener material para volcar en un libro.
− ¿Deseas volver a la tierra?− le pregunté asombrado.
− Por supuesto, yo no me pierdo la publicación de esto que nos está ocurriendo.
Sinceramente  no creí que Venus  desearía volver a la tierra. Después de que diera a luz  lo conversaríamos. Me arrepentí. No esperaría.
− En ese caso voy a concertar una audiencia con el Tribunal Celestial.
− ¿Para?− me preguntó Venus asustada por la palabra “tribunal”.
− Te voy a explicar. Existe una posibilidad de que un Ángel regrese por segunda vez a la tierra. En ese caso se le concede la gracia de incorporar a su cuerpo los órganos genitales internos y  externos con la condición de que nunca más podrá ingresar al cielo. Será un terráqueo definitivamente.
Suspendidos en el aire, livianos como un pensamiento, recorríamos el cielo tomados de la mano. Dos plumas blancas unidas para siempre. Algunos ángeles  miraban la figura de Venus con cierta perplejidad. Hablaban entre ellos. Se sonreían. Venus dirigía sus hermosos ojos a cada ser que se le cruzaba en el espacio. En realidad, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Girábamos, por ahora esa era nuestra tarea. Ellos sabían que debíamos estar libres de preocupaciones. El vientre de Venus aumentaba de tamaño en forma acelerada.
−Siento que voy a explotar, Ángel.
− Estas por parir, Venus.
− ¿Cómo será eso? Estoy asustada, sin ayuda será difícil.
− Recordá que mis ángeles amigos me habían anticipado que no habrá dolor y no será por vía vaginal.
− ¿Entonces?
− Sorpresa feliz, Venus, muy feliz.
Ella logró sonreírse como un niño el día de Reyes.
Tres ángeles protectores se me acercaron para anunciarme que el parto era inminente. Sus instrucciones me tranquilizaron.
− Venus, estirá tus brazos, con las palmas hacia arriba, como para recibir algo.
Ella, sorprendida hizo lo que le había indicado. De pronto y por encanto divino apareció en sus brazos un bebé de sexo masculino. Venus lo atrajo hacia ella y lo apretó muy suave contra sus pechos. Me acerqué a ella; los abracé a ambos. La besaba mientras mis lágrimas y las de ella se fundían entre sí bañando la cabecita de nuestro bebé. Luego, esos diamantes, rodaron sobre sus mejillas iluminando su carita. El niño no lloraba; me pareció que sonreía.
− ¿Cómo lo llamaremos, Ángel?
− ¿Qué te parece si por ser el primero que nace en estas condiciones lo llamamos Adán?
− Excelente idea, será nuestro Adán. Tal vez él sea el origen a un mundo nuevo.
                       Saúl Buk 02-06-2018


lunes, 28 de mayo de 2018


Saúl Buk
“Un comienzo”
Capítulo 12.
Mi antebrazo derecho parecía más corto cuando le fui a tocar el timbre a Doña Rosa. A esta altura de los acontecimientos, ya no tenía ganas de responder preguntas personales, pero por educación, tenía la obligación de despedirme. Mis neuronas juguetonas  se peleaban por saber cuántas veces  apretaría ese botón. Una, dos, tres o le ofrecería a mi vecina un concierto original, un solo de timbre. Finalmente, fue una vez la que tuve que oprimir el pulsador. Apenas retiré mi dedo índice, la señora con sus infaltables ruleros, ya había abierto la puerta, sin haber antes consultado siquiera quién era el que llamaba. ¿Estaría con su ojo pegado a la mirilla?
Hola, Doña Rosa, venía a saludarla, nos vamos por un tiempito le dije sonriente.
¿Adonde? Si su esposa está embarazada.
Lejos, pero es casi seguro que regresaremos.
¿Cuándo se irán, Ángel?
A la madrugada, doña.
¿Un vuelo nocturno?
Algo así.
Que tengan suerte. ¿Cuanto les llevará llegar al destino?
No tengo idea.
¿Cómo, no lo sabe?
No, doña Rosa, es sorpresa.
Qué raro, pero bueno, les deseo un buen viaje me dijo, con un gesto de desconfianza.
Gracias, nos vemos le dije.
Cuando di media vuelta para regresar al departamento, casi atropello a la tía invisible de Venus que me miraba con asombro y enojo. Ella había escuchado toda la conversación.
No se ponga así, tía le dije.
¿Cómo que no?, si se lleva a mi sobrina predilecta.
Bueno ella no va a sentir su ausencia. Nunca la ve.
Ella no, pero yo sí.
Volveremos, tía y casi seguro que con su sobrino nieto.
Se acomodó un sombrero verde, que nunca se lo había visto y desapareció.
Me acerqué en silencio a nuestro departamento. Por cábala pisaba únicamente los cuadrados blancos del damero que ofrecía el embaldosado; quería sorprender a Venus y ver que estaba haciendo. Abrí la puerta. Ella estaba acomodando ropa en una valija. Me pareció que temblaba.
¿Qué estás haciendo Venus? le pregunté.
Preparando el equipaje. A propósito ¿cómo es el clima por esos lados?
No vas a necesitar llevar nada. Allí nos van a dar todo lo que necesitemos. Arriba es diferente.
El gesto de asombro de Venus merecía figurar en la primera plana de cualquier diario.
−F lt n s l  d s h r s. (faltan solo dos horas)
− ¿Te ocurre algo Ángel? No te entiendo.
− N , n d ,  st y  pr ct c nd  l  d  m  d l  c  l . (No, nada, estoy  practicando el idioma del cielo).
− No comprendo− dijo Venus− mientras iba y volvía con nada en las manos.
− Bueno, te voy a explicar: el cielo es un lugar sagrado en el que no se usan las vocales, tal como podes observarlo en los textos bíblicos, que están escritos mayormente con consonantes.
− Va a ser difícil, Ángel.
− Todo se aprende, Venus.
Dejamos todo como estaba. La llave la depositamos sobre la alfombra de la puerta de de Doña Rosa con un cartelito: “Guárdela, por favor. Gracias. Venus y Ángel”.
El preciado equipaje era nuestro crío.
Faltaban diez minutos para las dos de la madrugada, pero íbamos a llegar a tiempo. Un fuerte viento comenzó a barrer el barrio de Belgrano. Nosotros caminábamos por Cabildo .Apenas avanzábamos. Nos abrazamos muy fuerte mientras tarareábamos  “Danubio azul”, lo bailábamos. Nuestra danza acompañaba el ímpetu del tornado. Girábamos en el sentido del viento. Con algún esfuerzo llegamos al umbral del café del primer piso. Un aire espeso, muy condensado nos envolvió y en medio de un torbellino que nos enceguecía, nos guió hasta el centro del asfalto de Cabildo y Juramento. Logramos tocar las dos sillas prometidas. Eran mullidas y tibias. Nos sentamos. Ajustaron unas correas alrededor de nuestras cinturas. Nos acercamos tanto que parecía que nos fundíamos. Éramos una pareja.
− B  n v  j , V n s.
− B  n v  j , ng l.
No podría explicar si una fuerza externa nos impulsó o una superior nos atrajo. Comenzamos a elevarnos.
                          Saúl Buk 28-05-2018

martes, 8 de mayo de 2018


Saúl Buk
Capítulo 10.
“Un comienzo”
De estar en el borde de la cama, a decir que nuestra noche de bodas no iba a ser un éxito, había sólo un paso y lo dimos. Yo era un ignorante, no tenía ninguna experiencia en mantener relaciones sexuales, no porque no hubiera querido sino, simplemente, por mi condición de ángel. Hubo mucho abrazo y mucho beso. Ella insistía, avanzaba en la maraña de sus erradas ilusiones. Buscaba en la lisura. Su cuerpo ardía mientras mi imaginación volaba. Tengo la impresión de que a pesar de tanta buena voluntad, nada fue suficiente. Faltó algo en la interconexión.
No estoy seguro, pero no creo que Venus haya quedado satisfecha. Yo tenía conocimiento de que había leyes en el tribunal celestial para corregir esta situación, pero me iba a llevar un tiempo concretarlo. Sería en un futuro y ojalá fuera lo antes posible.
Nos despertamos para desayunar. Casi no hablamos. Venus, ahora recargada, se fue a la redacción del diario, tal como lo habíamos convenido. Llevaba una carpeta en la mochila con algunos símbolos entintados, llamados letras, que desconozco cuando los había insertado. En el momento que la estaba despidiendo en la puerta del departamento, apareció doña Rosa. Dijo, que por casualidad estaba pasando por ese lugar. Venus se fue apurada.
Ángel, era pícaro usted, le desconocía esa cualidad.
¿Por qué me lo dice doña?
¿Quién es esa belleza que durmió con usted anoche? me preguntó casi recriminándome.
Es mi esposa.
− ¿Así que era casado?
− No era, me casé ayer.
− Claro y… ¿Dónde fue el casamiento?− preguntó con el índice de su mano derecha apoyado en el medio de sus labios.
− En Juramento y Cabildo− le respondí de inmediato para evitar más preguntas.
− Ahí no hay ningún salón− respondió subiendo el tono de su voz.
− No. La ceremonia fue en la calle− contesté fastidiado.
− También me va a hacer creer que los colectiveros eran los invitados y brindaron con gasoil.
La pobre mujer apretaba su cabeza con las dos manos y la sacudía en todas direcciones (una bruja no lo hubiera hecho mejor), mientras murmuraba: “pobre vecino ¿Estará bien?
− Dígame, Ángel ¿quiere que llame a algún médico?
− ¿Por?− le pregunté, tímidamente.
− No, digo nomás− me dijo− mientras me miraba de reojo con un alto grado de desconfianza.
− Dejémoslo ahí− le dije para terminar.
− Otra cosa Ángel, ¿Cómo apareció el otro día sin que yo me diera cuenta y me dio unos golpecitos de atrás para hacerse evidente? Usted me dijo que era un truco, ¿recuerda?
− Es casi un truco para estas tierras.
− ¿Usted anda bien Don Ángel? ¿Qué es eso de “estas tierras”?
− Si señora. Le voy a confesar que me llamo Ángel y soy un ángel.
− No, no. Se excedió amigo, mejor me voy corriendo.
Se aferró a su bolsa del mercado y aceleró tanto su marcha que casi atraviesa el vidrio de la puerta del edificio. Por suerte no ocurrió nada grave. Huyó. Me quedé pensando en el impacto que le produje a esta pobre mujer y en el hematoma que iba a tener en la frente. Ingresé al departamento y decidí esperar a Venus haciendo nada. Me quedé jugando a cambiar las dimensiones espaciales de lugar y con los hologramas del amueblamiento. El departamento se llenaba y se vaciaba en segundos. Tenía mi acelerador a fondo. Era divertido.
Después del mediodía escuché ruidos en la puerta. Eran nudillos de diferentes personas golpeando con fuerza. Me apresuré. Le ordené a mi mente que todo mí alrededor estuviera en dimensión terráquea y abrí. Era Venus que estaba acompañada de un lado por doña Rosa y por el otro de su tía, la del sombrero verde, que por supuesto se mantenía invisible para ellas.
− Hola− les dije a las tres, pasen.
− Gracias Ángel, le comenté a su señora de su estado de salud− dijo doña Rosa.
Si mi vecina hubiese visto las muecas que hacía la tía de Venus y los cuernitos que dibujaba con sus manos, con seguridad se hubiera espantado. Doña Rosa se retiró algo asustada.
− Bueno, pasen− les dije.
− ¿Cómo pasen, estoy sóla?− me dijo Venus.
− Claro, amor, claro.
La tía me guiñó un ojo y pasó entre Venus y el marco de la puerta. Se acomodó en el sillón rojo.
− ¿Cómo te fue en el diario? Le pregunté.
− Excelente, el director no me creyó nada, mis compañeros tampoco, pero al artículo sale el domingo. Va a ser el notición del siglo. ¡URGENTE! ¡URGENTE! Estoy feliz. Cuanto menos crean más va a impactar.
−Buenísimo. ¿Te dieron licencia?
− Cuando terminé de leer el texto a publicar querían que vea a un siquiatra. Lo único que veían “urgente” era esa consulta. Luego con algunas explicaciones adicionales se calmaron. Sí Ángel, está todo arreglado.
− Entonces el lunes nos vamos − le dije−. Esta noche me voy a comunicar con ángeles amigos y ellos nos van a enviar un transporte especial y me van a dar las instrucciones del vuelo. Le hice una seña a la tía entrometida para que se vaya.
−Quisiera que en algún momento conversáramos sobre nuestra primera noche y si es como yo pienso creo que tengo una gran solución para nosotros.
− De acuerdo. Le prometí a mi amiga, la que tiene el bebé, que iba a ir un rato a la casa. Cuando regrese charlamos. ¿Cómo lo ves?
                      Saúl Buk  03-05-2018




Saúl Buk
“Un comienzo”
Capítulo11.
Me hice invisible frente al espejo y esperé a que llegue la noche, escondido detrás de un holograma. Un suicidio visual. No quería verme desnudo. Me sentía casi culpable de algo que había hecho en mi noche de bodas, pero quería repararlo. ¿Era realmente malo lo que había ocurrido? La duda me acosaba. Por momentos pensaba que esa relación sexual… Para corregir esa situación tenía que transgredir mis propias leyes. No quería ser Sísifo. ¿Tenía que preguntarles a mis ángeles amigos que vendrían esa noche o resolverlo por mi cuenta? Al final de tanto cuestionamiento decidí por otra opción, tal vez más lógica, consultarlo con Venus, tal como se lo había prometido. Esa noche al acostarnos quise iniciar una conversación pero no junté en mi bolsa de valores el coraje necesario. Venus no lograba dormirse, se revolcaba en la cama. Era de madrugada. Yo estaba incómodo por un lado por mi debilidad para encararla y preocupado porque no sabía que le sucedía.
¿Qué te pasa Venus? le pregunté.
No puedo conciliar el sueño. Quiero ver el diario. Ya me levanté tres veces para ver si al vecino se lo habían depositado en el umbral de su puerta, pero parece que es muy temprano.
Más tarde podemos ir a comprarlo.
Si Ángel, pero recién son la cinco de la mañana.
Tené paciencia, igual mañana nos vamos. Aprovechemos que estamos despiertos para hablar de nuestra noche de bodas.
Dale.
Venus, tengo muy claro que al no tener genitales externos, como los humanos, el acto sexual no se logró consumar como corresponde.
No te preocupes Ángel, lo importante es el amor que nos une.
Si, pero el complemento es necesario. Los humanos están armados de tal forma que lo que le sobra a uno le falta al otro. Eso hace que se ensamblen perfectamente. El espacio virtual es ocupado por el volumen físico. Son un rompecabezas perfecto.
Nuestro caso es especial. Si fuéramos como todos los demás no habría artículo en el periódico me dijo Venus, mientras me acariciaba.
Tenía enterrada en la piel la sanguijuela de la periodista. Ella amaba su profesión y estaba dispuesta a sacrificar casi todo con tal de seguir publicando en los periódicos. Me lo había confirmado en distintas oportunidades.
A las siete de la mañana interrumpió la conversación en forma abrupta (como era su costumbre).Se fue al pasillo a buscar el diario. Regresó saltando. Parecía que la alegría la impulsaba hacia arriba y su propio peso la depositaba cada vez sobre el piso.
Está el artículo, Ángel y una foto gigante de nosotros dos.
¿De dónde salió la foto? le pregunté.
Les llevé una selfie que nos habíamos tomado en el bar del primer piso, nuestro primer nido.
No me consultaste, Venus.
¿Era necesario?
En realidad, no o no sé o tal vez, bueno…no. No lo era.
Yo le hablaba, mientras ella se devoraba el artículo. Ella sonreía y se acariciaba la pancita. Me remarcaba palabras o frases como: “increíble que suceda” o “revolución en el universo”. Lo que más le agradaba de toda esta historia, era que ella era la autora de todas esas letras.
¿Ya lo leíste, Venus?
Dos veces y lo leería dos mil.
Te comento que mis amigos los ángeles, vinieron anoche y me comunicaron que el lunes a las dos de la mañana en Cabildo y Juramento la gente va a percibir un tornado pequeño que sólo ocurrirá en esa esquina de Buenos Aires. Nosotros debemos esperarlos en la puerta del café del primer piso. En ese momento una nube bajará y nos llevará hasta el centro del asfalto. Por efecto del viento arremolinado nuestra visión desaparecerá por unos instantes, pero debemos confiar. Cuando arribemos al lugar indicado encontraremos al tacto algo parecido a dos sillas en las cuales nos sentaremos. En ese preciso instante percibiremos que dos cinturones de seguridad nos amarraran. El viento se intensificará y un movimiento helicoidal, en el cual estaremos inmersos, nos transportará en pocos segundos al lugar donde habitan normalmente los ángeles. Entonces iniciaremos nuestra verdadera luna de miel en el cielo.
Cuando regresemos voy a publicar con lujo de detalles lo que me estas contando, pero primero quiero vivirlo. El director del diario va a enloquecer.
Te tengo que comentar cual va a ser la solución para nuestros encuentros íntimos ni te lo imaginas.
Ángel, ya te dije que no me preocupa demasiado, pero...
           Saúl Buk   07-05-2018