viernes, 8 de julio de 2016

                                                APASIONADA

Regresó cansadísimo de su trabajo. Parecía que las tareas de la oficina hubieran enloquecido y sus empleados también. El humor de su jefe había sido de lo peor.
Ángel  estaba agotado y no quería o no podía pensar. Para complicar aún más la situación, el tráfico era insoportable.
¡Por fin! Atravesó la ciudad. Estaba muy alterado por los bocinazos. Apagó la radio del auto. No toleraba nada. Estacionó en su cochera con esfuerzo.
 Solo deseaba  cenar y acostarse, aunque sabía que no era lo más recomendable.
Abrió la puerta de su departamento. Su esposa lo recibió con una sonrisa y un beso, pero él con un gesto la desalentó. Fue invitado por su cónyuge a cenar. Rechazó casi la mitad de la comida. Casi descortésmente le dijo a su mujer  que se iba a la cama. Se quería acostar a dormir en ese mismo momento.
Se quitó la ropa, se introdujo en el piyama, y rápidamente se entregó a los brazos de Morfeo y soñó que había otro hombre en la habitación, pero con una particularidad, era igual a él...
Al principio le dio la sensación de que estaba alucinando dentro de su propio sueño. Luego le pareció que se veía reflejado frente a un cristal. Para comprobarlo se agachó y se miró en el espejo que estaba al costado de la cama, pero el personaje  estaba desnudo y corría por la habitación.
Decidió efectuar una nueva comprobación: se arrastró ridículamente sobre sus  rodillas, pero el individuo no se movió.
¡No, no era él! ¿Quién sería?
Enojadísimo comenzó a discutir con el otro y como no le respondía, ni siquiera a los insultos, decidió golpearlo  fuertemente con sus puños en la cara y hasta le dio algún puntapié.
Ampulosos movimientos de sus brazos y sus piernas hacían que sus manos y sus pies infligieran un  castigo al inmóvil personaje.
Finalmente logró  que desapareciera de su vista.
¡Vaya intruso!

Durante el desayuno, Alicia su esposa le refirió que la noche anterior y en contra de sus habituales costumbres, estuvo muy  movedizo en la cama. En algún momento golpeó fuertemente la almohada y hasta le dio fuerte con los pies. Daba la sensación que se estaba peleando con alguien.
Pensó que con esa actitud él, sin quererlo, podía lastimarla. No quiso despertarlo y se fue a la habitación lindera, que era la de huéspedes. Cerró la puerta con llave.
Lo que ella no pudo comprender, es cómo su “Ángel “había ingresado al segundo dormitorio. Estaba desnudo. Cariñoso como nunca, le mencionó  que había disfrutado mucho de ese encuentro.
“Espero que se repita”, le dijo ella suavemente y lo besó.

No creo necesario aclarar que el sueño fue de ella.
                                                                                                          Saúl Buk  

miércoles, 6 de julio de 2016

   En el parque
Un farol…otro farol,
dos faroles…Tres,muchos,
y arriba la copa,
el cáliz supremo de los árboles.
Y abajo el largo banco,
rayado por  maderas verdes.
Caminito naranja,
collar de piedritas de ladrillo.
Los enamorados se levantan,
Entrelazan sus manos
y caminan hasta…
Hasta mañana.
Y pasó un mes,
un año, cincuenta.
Todos los días parecían iguales,
Pero no…
Ellos se dieron cuenta
y entonces brilló el sol
       Saúl Buk 

lunes, 4 de julio de 2016


         Diferentes visiones
Dos ruedas, dos ruedas, dos ruedas
Tres motocicletas.
Tres ruedas, un auto.
Un auto tiene cuatro ruedas.
Si, pero yo las veo desde mi balcón,
solo tres.
Sí, pero tiene cuatro.
Ahora comprendo, sos cubista.

                Saúl Buk

sábado, 2 de julio de 2016



 Con frases robadas de los poemas de Manzi
“Con los ojos cerrados”,
Miré el reloj
Pero  me di cuenta
“Por un ladrido de perros”
Que era la hora.
Entonces me pregunté:
¿De qué me di cuenta?
Me respondí esperanzado:
Ya “Falta un poquito”
para sus regresos.
Estoy cansado. Muy cansado.
Me sobresalté.
“¿Dónde estarán?” “¿Cómo estarán?”
Se fueron a la guerra.
Eran lo único que me quedaba.
Por ahora son:
“Dos iniciales pintadas a mano”.
Los extraño.
        Saúl Buk   

martes, 28 de junio de 2016

DE PROFUNDIS
La piel,
frontera permeable.
Pensamientos sublevados
atraviesan sus poros.
Con cada sístole,
 una sensación del todo.
Abstracto.
El tiempo transcurrido
no obstruye la salida.
  Saúl Buk       

domingo, 26 de junio de 2016

             LA TERESITA
               (cuentema)            
La encontré en la estación,
paradita en el andén.
Un gorrión solitario.
Miraba para todos lados,
pero no...
Era una tarde de mucho frío y la niña tiritaba
debajo de su raído sombrerito azul,
tan gastado como su vestido gris,
que alguna vez fué de alguien.
Se notaba.
En su liviana mochila cabían
tan sólo una botellita de agua
 y dos panes.
Su mamá se encargó de todo.
Ella le preparó el  viaje
Y le dió el beso en Tucumán.
Se desorbitaba  buscando a la “señora”.
Si, a la que la había llamado.
No estaba.
Todos abandonaron el lugar;
quedamos ella y yo.
Me fui acercando para ofrecerle ayuda,
pero antes, (¿estaría escondido?)
se le acercó un extraño joven.
Lucía su cabeza rapada a los costados,
Jeans, camisa oscura y campera.
Algo le dijo, mientras ella lo esquivaba.
Él insistió.
Introdujo su mano derecha  dentro de su abrigo;
había algo más que una mano.
Lo juro, lo estuve observando.
Teresita lloraba pegada al muchacho.
Comenzó a arrastrarse,
sus viejos zapatos le pesaban.
Mis ojos eran dos tristes lágrimas.
Se me nublaron.
Busqué… y rebusqué.
Pero no los vi más…
      Saúl Buk    

lunes, 20 de junio de 2016


Amor Grotesco y misterioso

El triángulo amoroso que conforman
el escritor, la lapicera y el papel rayado,
es y será siempre un grotesco.
 Alterado, deformante y brutal.
¿Por qué la mano con cinco dedos?
Si para escribir usa sólo tres.
¿Por qué la lapicera es alargada y no de otro formato?
 El papel, ¿por qué debe rayarse?
La página le indica a la lapicera:
“Por acá, por el renglón, a no salirse”.
Esta le señala al escritor:
“Sólo de este lado, del otro no escribo”.
Y el pobre escritor obedece y sólo puede pensar.
Es tal vez un lunático en este mundo misterioso
del cual nada sabemos.
Ni como fue creado, ni cuando, ni para qué.
El escritor tiene su excusa,
Cree que nació para escribir la copia de la copia.




Platón no era tonto, pero no sabemos qué era.
No es por nuestra voluntad que nacemos y
no es  por nuestra voluntad que morimos.
Misterio. Sigilo. Enigma.
Carnavalesco, alterado y colosal.
El pobre ser humano cree conocer,
pero sólo sabe de ignorancia.
Sin embargo el escritor, la lapicera y el papel se aman.
 Son una lágrima de amor desesperante.
Verdadero escándalo grotesco,
en este mundo misterioso.
¿Quién lo hubiera pensado antes de haber sido creado?
El escritor lo sabía,
pero le faltaban la lapicera y el papel.
                            Saúl Buk