domingo, 2 de abril de 2017


                Tacto

A las yemas de dos dedos
les opuso el pulgar.
Pinzó con fuerza la cucharita
y revolvió el tibio café.
Ansiaba su llegada.
Temblando,
con el dorso de su mano la recorrió.
La disfrutaba.
Distanció sus cansados párpados
y en un amanecer de nieve
aparecieron dos cuencos blancos.
Fue inútil el esfuerzo,
la tiniebla se sostuvo.
No hacía falta más que un dedo
para dibujar su ardiente corazón.
Entonces,
enloquecidos se entregaron al amor.

      Saúl Buk  31-03-2017

martes, 28 de marzo de 2017


          ¿Habrá quien diga?
                  (es sólo ficción)
Que bajo he caído.
¿Te diste cuenta, amor?
Y voy vestido de frac.
Me arrastro por el piso.
¿Lo notaste, cariño?
Y me creo un cóndor.
Estoy consciente de tus falsos halagos.
No me interesa que cuando bajes la mirada,
me digas: “te quiero”,
o que antes de abrazarme,
busques la aprobación de tu entorno.
Me siento un felpudo
suspendido del techo.
Y desde ese lugar te sugiero:
“no limpies más tu barro sobre mi arrugada piel”.
    Saúl Buk  27-03-2017



          ¿Habrá quien diga?
                  (es sólo ficción)
Que bajo he caído.
¿Te diste cuenta, amor?
Y voy vestido de frac.
Me arrastro por el piso.
¿Lo notaste, cariño?
Y me creo un cóndor.
Estoy consciente de tus falsos halagos.
No me interesa que cuando bajes la mirada,
me digas: “te quiero”,
o que antes de abrazarme,
busques la aprobación de tu entorno.
Me siento un felpudo
suspendido del techo.
Y desde ese lugar te sugiero:
“no limpies más tu barro sobre mi arrugada piel”.
    Saúl Buk  27-03-2017


miércoles, 22 de marzo de 2017


            Eterno
Detrás de la oscura sombra
emergió la luz de un sol.
La sombra acongojada,
entendió su estupidez
y lloró.
Sólo la memoria de aquella  lágrima
rodó por la húmeda pared.
El tiempo se encargó
de regresar todo al comienzo.
      Saúl Buk  21-03-2017


martes, 28 de febrero de 2017


         Me duele tu dolor
Frágil jaula ósea
escondida debajo de la piel.
Siento costillas rotas,
las tuyas, en mis entrañas.
El dolor  que araña mis neuronas,
las penetra.
No hay noches ni hay días.
Sufrimiento compartido.
Punzantes agujas me perforan.
Sangre derramada, que no se ve.
Palpita mi corazón.
Apenas respiro.
Rezo con esfuerzo
y pido.
A veces le imploro:
Quítale ese dolor y se quitará el mío.

    Saúl Buk        21-02-2017

jueves, 5 de enero de 2017


                               Gris
                          (cuentema)
El blando ángulo formado por el pulgar y el índice,
comprime sus labios.
Ambos ojos atraviesan  sus lentes
y se estrellan contra la computadora.
Arruga su frente y vacila.
¿La máquina lo provoca?
Bueno, él no le habla, solo aprieta las teclas.
¿Sufren o son de plástico?
 La otra mano se aferra al teléfono móvil.
 El auricular queda aplastado contra su oreja.
Vibra el tímpano enloquecido.
Todo conectado; sin quererlo sacude su calota.
Lo veo en terapia… intensiva.
Mutan las imágenes en la pantalla,
pero el tipo sigue serio.
La mano derecha para el ordenador,
la izquierda para el telefonito.
Repite y repite.
Eso sí, siempre respeta ese orden.
Reacomoda su trasero en la silla.
Ya está apoltronado, casi petrificado;
entonces se dibujan las curvas y parece una S a contramano.
Cuando abandone su internación en este café,
le voy a preguntar si se curó.
¡Ah! y quién le dio el alta.
¿Habrá sido el mozo?
         Saúl Buk  

                               Gris
                          (cuentema)
El blando ángulo formado por el pulgar y el índice,
comprime sus labios.
Ambos ojos atraviesan  sus lentes
y se estrellan contra la computadora.
Arruga su frente y vacila.
¿La máquina lo provoca?
Bueno, él no le habla, solo aprieta las teclas.
¿Sufren o son de plástico?
 La otra mano se aferra al teléfono móvil.
 El auricular queda aplastado contra su oreja.
Vibra el tímpano enloquecido.
Todo conectado; sin quererlo sacude su calota.
Lo veo en terapia… intensiva.
Mutan las imágenes en la pantalla,
pero el tipo sigue serio.
La mano derecha para el ordenador,
la izquierda para el telefonito.
Repite y repite.
Eso sí, siempre respeta ese orden.
Reacomoda su trasero en la silla.
Ya está apoltronado, casi petrificado;
entonces se dibujan las curvas y parece una S a contramano.
Cuando abandone su internación en este café,
le voy a preguntar si se curó.
¡Ah! y quién le dio el alta.
¿Habrá sido el mozo?
         Saúl Buk